Panorama de la Ciencia Cognitiva

717339_brain_in_hand.jpgLa ciencia cognitiva es probablemente la rama de la ciencia que más puede enriquecerse de la perspectiva budista.

Seguramente nunca habría sido posible establecer un diálogo integrador entre la física clásica de Newton y el Budismo, sencillamente porque tienen pocos elementos o nada en común. Por el contrario, desde hace varias décadas se está produciendo un fructífero intercambio entre la física moderna, que se originó con la mecánica cuántica, y la filosofía budista. Pero donde claramente el Budismo tiene mucho más que aportar a la ciencia occidental es en el estudio de la mente, esto es: en campos como la psicología y ciencia cognitiva.

Al igual que ocurrió con la física, no todas las escuela de psicología son igualmente proclives a integrase con el Budismo, siendo la línea transpersonal la que más claramente se puede beneficiar de tal enriquecimiento. Con la ciencia cognitiva pasa algo similar. Se trata de un quehacer científico interdisciplinario que estudia el fenómeno de la cognición tanto en el ser vivo como en términos abstractos susceptibles de ser replicados artificialmente.

Así como en el pasado la ciencia cognitiva estuvo fuertemente liderada por la inteligencia artificial, en la actualidad ese rol lo cumple la neurociencia, aunque eventualmente esa tendencia podría revertirse en el futuro o sencillamente volver a cambiar, por ejemplo, hacia un tercer elemento motor. Producto de este desplazamiento – de la inteligencia artificial por parte de la neurociencia – se han generado dos escuelas principales dentro del panorama actual de la ciencia cognitiva: el cognitivismo y el conexionismo. La distinción que se hace entre las distintas escuelas dentro de la ciencia cognitiva tiene importancia al momento de aplicar el conocimiento logrado en este campo al ámbito del Budismo.

El cognitivismo está fuertemente condicionado por los modelos simplistas de la cibernética original que explicaba el funcionamiento de los sistemas cognitivos en términos de sumideros de información (neguentropía). Hasta el día de hoy es frecuente escuchar frases como "el cerebro es como un computador" y otras expresiones equivalentes en el lenguaje coloquial incluso de la gente culta. Sin embargo, esta escuela original, especialmente en su interpretación más radical, el cognitivismo clásico, está cada vez más alejado del centro y del quehacer de vanguardia en ciencia cognitiva.

El conexionismo ha ido ganando seguidores entre los investigadores actuales y hasta podría decirse que ha relegado el primero, al menos en su interpretación radicalizada, a la categoría de reliquia histórica. El conexionismo se fundamenta en el concepto de emergencia, no entendido como apuro o accidente, sino como sinergia u holismo. Típicamente se dice que los patrones preceptuales emergen gatillados por estímulos. La metáfora del cerebro como computador es remplazada por la del cerebro como una red.

El enactivismo es una tercera escuela que es conocida principalmente en Chile con ese nombre pero más universalmente se denomina embodied cognition (cognición corporizada o encarnada). En rigor, enaccionismo no es sinónimo de embodied cognition, ya que el primero se fundamenta en la idea de coderiva o simbiosis entre organismo y entorno, en tanto que la segunda en la no localización de la mente, por ejemplo en el sistema nervioso. Sin embargo, aunque - en efecto - ambos conceptos son diferentes, en la práctica el grueso de los investigadores que adscriben a una de estas posturas lo hace simultáneamente a la segunda, a nuestro juicio porque son mutuamente necesarias desde un punto de vista lógico.

Principales Diferencias

Cabe señalar que la diferencia entre el conexionismo y el enactivismo radica más en su interpretación filosófica que en aspectos pragmáticos que redunden en discrepancias metodológicas, como las que sí presentan ambas con relación al cognitivismo.

Una de las críticas más relevantes que se le formulan al cognitivismo clásico consiste en que no da cuenta de la creatividad humana como atributo biológico. Se puede argumentar que no lo hace porque considera este aspecto como externo a la capacidad cognitiva misma - tal como puede hacerse si se lleva hasta un extremo la idea de lateralización - sin embargo esta postura no es compatible con la fuerte evidencia que vincula la capacidad creativa con la capacidad cognitiva nada menos que como dos expresiones de un mismo fenómeno, postulado que podemos remontar, cuando menos, a Piaget. Sin perjuicio de lo anterior y en honor a la rigurosidad, por cierto que resulta perfectamente posible añadir la capacidad creativa a un modelo cognitivista. Una forma de hacerlo es modelando la creatividad como una capacidad lógica-procedural de establecer homomorfismos entre estructuras simbólicas. No obstante, el hecho es que se trataría de un añadido ex post y no de una necesidad a priori.

El modelo conexionista, en cambio, permite esta convivencia simbiótica entre cognición y creatividad, simplemente porque responde a un modelo más realista de cómo funciona el sistema nervioso. Este hecho es enfatizado por la escuela enaccionista, ya que desde bajo dicho punto de vista la mente no reside sólo en el sistema nervioso sino que está corporizada en el organismo entendido como un todo y, por otra parte, desde esta perspectiva la ilusión o incluso la imaginación activa (como la definió Jung) no se distingue de la percepción misma.

Aunque desde el punto de vista estrictamente técnico la diferencia entre enaccionismo y conexionismo no sea tan radical como el claro desplazamiento que hay hasta ellas desde el paradigma cognitivista, nuestra opinión es que la escuela enaccionista brinda un mejor marco de referencia para efectos de aplicar conocimientos obtenidos por la ciencia cognitiva en un ámbito como el Budismo. Un claro ejemplo de lo anterior lo constituye un hecho simbólico pero muy decidor: para la tradición budista la sede de la mente no es la cabeza sino el corazón. Ello significa, en primer lugar, que la mente no es entendida sólo como articulante de la cognición pura sino que también de la emoción, cosa que el enfoque enactivista resalta al definir el conocimiento como lo hicieron Maturana y Varela: “conocer es obrar adecuadamente”.

Ilustración: Julia Freeman-Woolpert.

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Comentarios

 
Muy interesante he informativo. 

 Muy interesante he informativo. 

 

 

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¿¿Quien te dijo que "para la tradición budista la sede de la mente no es la cabeza sino el corazón"?? 

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