Razón y Emoción: Dos Cerebros, Dos Inteligencias

1254880_shiny_brain_.jpgLos dos hemisferios cerebrales se corresponden con la diferenciación que hacemos entre lo racional y lo emocional, diferencia que culturalmente se da entre occidente y oriente y que también podemos establecer entre ciencia y budismo. Pero lo importante no es la diferenciación sino el diálogo y la integración que podamos hacer entre ambas dimensiones.

El cerebro humano se divide, a grandes rasgos, en dos hemisferios interconectados por un haz de fibras nerviosas denominado “cuerpo calloso”. Aunque los dos hemisferios son similares en estructuras anatómicas, desde hace ya varios años se ha demostrado que se especializan en funciones muy diferentes ya que, además de invertirse el control de cada mitad del cuerpo (el hemisferio izquierdo controla la mayor parte de la mitad derecha y viceversa), el hemisferio izquierdo despliega las funciones cognitivas relacionadas con el lenguaje y el razonamiento, mientras que el derecho las emocionales, estéticas y espaciales.

A este hecho se le denomina lateralización y ha quedado establecido por numerosas investigaciones realizadas desde el siglo XIX, destacando los trabajos de R. W. Sperry, quien investigó las personalidades de pacientes con comisurotomía total, es decir: personas a las que se les cortó el cuerpo calloso y la comisura anterior, por lo que sus dos hemisferios funcionaban con total independencia, estudios que le permitieron obtener el Nobel de Medicina en 1981.

Por su parte, ya en 1954, el doctor Gregorio Marañón, quien fue alumno de Ramón y Cajal, identificó la parte derecha del cuerpo humano (y, por lo tanto, el hemisferio izquierdo) con lo masculino y la parte izquierda (hemisferio derecho) con lo femenino. Esta división coincide con la que ha hecho el cibernetista Magoroh Maruyama entre los esquemas mentales H (masculino) y S (femenino), esquemas que también podemos asociar a los conceptos milenarios de yin (femenino) y yang (masculino) y que, en 1973, el psicólogo Stan Gooch relacionó correctamente con las culturas occidental (masculina, racional) y oriental (femenina, creativa), cosa que también hizo Daisetz Teitaro Suzuki, pensador japonés que fue profesor de Filosofía Zen y que conoció la mentalidad occidental por haber trabajado y vivido en Estados Unidos durante unos 26 años.

No es extraño, entonces, que en el mundo de preeminencia occidental sean las funciones asociadas al hemisferio izquierdo las que han sido más valoradas. En efecto, como lo ha señalado el norteamericano Robert Ornstein, profesor de Psicología en la Universidad de California del Sur, “nos hemos convertido en esclavos de una mitad del cerebro” ya que, al ser lógicos y depender del lenguaje, “hacemos que el mundo se adapte a la visión que nos impone el cerebro izquierdo, suprimiendo la parte más creativa y más gozosa de nosotros”.

Esta misma visión crítica inspiró en 1995 al psicólogo Daniel Goleman a enfatizar la importancia de lo que él denominó la “inteligencia emocional”, es decir aquellas habilidades y destrezas que se despliegan típicamente en el hemisferio derecho y que son tan necesarias para alcanzar logros y emprender desafíos como lo es la inteligencia “tradicional” que asociamos al raciocinio y, por lo tanto, a la actividad del hemisferio izquierdo. Goleman ya había publicado en 1977 un libro en el que describía diversas técnicas de meditación, incluyendo técnicas budistas tibetanas y Zen e identificó algunas de las habilidades que los meditadores desarrollan, estudio que continuó con su participación en los Diálogos Mente y Ciencia y la edición del libro “Emociones Destructivas” de 2003.

Es importante recalcar que en un ser humano que no ha sido objeto de comisurotomía, es decir: que mantiene intacta la conexión entre ambos hemisferios, estos trabajan coordinadamente y, en la práctica, ambos están involucrados en el desarrollo de prácticamente cualquier actividad. En la capacidad de innovación, por ejemplo, es indudable que se requiere una componente de creatividad pero también una capacidad lógica de “poner los pies en la tierra” y considerar aquello que sirve y que es factible de realizar. En definitiva, una persona innovadora despliega una fuerte interacción entre ambos hemisferios.

Por estos motivos, la lateralización ha sido criticada muchas veces, ya que una mala interpretación de sus implicaciones podría hacer concluir que esta división de tareas es más drástica de lo que realmente se observa. En relación a esto último cabe destacar el aporte de los chilenos Francisco Varela y Humberto Maturana, quienes – en el contexto de su trabajo acerca de la Biología del Conocimiento – han hecho hincapié en que la actividad cognitiva no está restringida al hemisferio izquierdo y, ni siquiera, al cerebro, al encéfalo o al sistema nervioso, sino que se despliega como un sistema emergente, desde el nivel celular inclusive, y, por lo tanto, involucra a todo el organismo. A este enfoque se le denomina “cognición corporizada” o “cognición encarnada” (embodied cognition) y también se le llama enfoque enactivo (del inglés “enaction”).

Incluso funciones tan típicamente lateralizadas como el lenguaje, son asociadas por Maturana y Varela a las emociones que ineludiblemente participan y contribuyen a constituir la conversación, observación sobre la que se ha erigido toda una corriente filosófica que critica al enfoque racionalista tradicional y que algunos denominan post-racionalismo. Es el caso de la obra conjunta de Fernando Flores y Terry Winograd quienes en su libro “Hacia la Comprensión de la Informática y la Cognición” critican fuertemente la tradición cultural y filosófica predominante y proponen romper esos esquemas generando aperturas intelectuales que podemos vincular con el enfoque enactivista y, especialmente, con los trabajos de Varela.

Resulta más que ineresante constar que, similarmente, el concepto budista de prajña puede dividirse en drsti y sankalpa, cualidades que bien podríamos asociar al hemisferio izquierdo y al derecho, respectivamente, pero que deben trabajar juntas, como un ave utiliza sus dos alas para alzar el vuelo. Algo similar es lo que intentamos precisamente en este blog, al vincular la ciencia de raices occidentales con el budismo que proviene de oriente, buscando un diálogo y una complementación que esperamos sea fructífera.

Ilustración: Artem Chernyshevych.

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Comentarios

Es interesante, como sugerencia o propuesta, sin embargo vale la pena preguntarse si tiene valides cualquier conclusión, toda vez que ambas culturas tienen conceptos tan diferentes.

Creo que para complementar la ciencia con la religión no solo basta con la exposición de los claros y objetivos analisis que pueden surgir y dar como fruto audaces descubrimientos, se necesita algo mas, algo que és, en sí, el precio de la libertad, no como se le conoce, sino como aun ni siquiera se comprende, no olvidemos que la ciencia esta atada a intereses y la religión atada a creencias y en ambos casos, callan cuando los intereses son contrarios o las creencias se derrumban.

En otro aspecto, tengo duda de que el hombre este preparado para ser libre, porque tal condición tiene por significado enfrentar los miedos y eso es fuerte, nos asusta, mas que nada es desconocido y por lo tanto causa mas miedo. En lo objetivo manejamos la información que se nos ha permitido o que esta permitida conocer y en lo subjetivo, nuestro conocimiento esta formado de corazas extructuradas por nuestra cultura que lo antepone todo y lo somete a ella.

¿Démos algunos ejemplos?

¿Porqué los descubrimientos cientificos se conocen parcialmente despues de que han pasado varios años y las extructuras dirigentes ya les han sacado todo el provecho de tipo selectivos?

¿Porqué las diferentes religiones no cambian conceptos que saben falsas y en su lugar las van dejando de lado o mejor dicho en el olvido?

Por la razón que séa, es evidente que estamos tratando de intentar coordinar dos alas que tienen muy claro su función, cual es, no exactamente evolucionar la mente humana, sino por el contrario, si es posible, involucionarla, el problema nuestro, es nuestra ignorancia y buena fe, nuestra cultura nos ha enseñado que ambas, la religión y la ciencia buscan el desarrollo humano, lo que no comprendimos es que: ¿Cual desarrollo? ¿Hacia que tipo de desarrollo? ¿Hacia arriba o hacia abajo? ¿Hacia lo material o lo energético? ¿Hacia lo que evoluciona o lo que involuciona?

He ahí el diléma. En el mundo de los ciegos el tuerto es un rey, dice el refran.

¿Sera por eso que el hombre (algunos) buscan su desarrollo personal fuera de contexto o lo que se ha dado en llamar. "La ciencia del hombre solo?

Fraternalmente.

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